La tranquilidad de Huanchaco y el culto al mar en Chan Chan

Seguimos nuestro recorrido hacia el norte del país. Nuestra intención inicial era la de quedarnos en Trujillo, pero siguiendo las recomendaciones que nos habían dado, nos fuimos a disfrutar de la tranquilidad del pequeño pueblo pesquero de Huanchaco, en las afueras de Trujillo.

A pesar de que el tiempo no estaba para bañarse, pudimos pasear por la playa y por el pueblo, así como conocer los «caballitos de totora» (balsillas o tups), pequeñas embarcaciones hechas de totora usadas por los habitantes de la zona para pescar desde hace más de 4000 años. El hostal donde nos alojamos, el Hostal Océano, fue de lo mejor, ya que a parte de la amabilidad de sus dueños, nos sentimos supercómodos y relajados. Habitación matrimonial con agua caliente, televisión por cable, vistas al mar, wi-fi y cocina… ¡todo por poco más de 4€ por persona!

A parte, esta zona del norte del Perú es muy importante debido a los numerosos yacimientos arqueológicos pertenecientes a diversas culturas preincas: principalmente la cultura moche y la cultura chimú. Así que siguiendo con el gusanillo de aprender sobre éstas, fuimos a visitar algunos de estos yacimientos: la Huaca de la Luna, perteneciente a la cultura moche y de la cual hablaremos en otra entrada más adelante; y la ciudadela de Chan Chan, perteneciente a los chimúes.

Esta ciudadela, Patrimonio de la Humanidad, es la segunda mayor ciudad de adobe del mundo y se considera la mayor ciudad precolombina de toda América. Se encuentra en una inhóspita zona desértica muy cercana al mar, entre Trujillo y Huanchaco. Se supone que en sus tiempos albergaba más de 10.000 viviendas, aunque hoy en día, lo que queda más o menos en pie para visitar es el palacio de Nik An, un amurallado centro social y religioso.

Este palacio representa el mayor ejemplo de la importancia del mar para esta cultura y del culto que se le rendía, puesto que a lo largo de sus paredes se pueden ver numerosas representaciones de pelícanos, peces u olas marinas.Se cree que se rendía culto al mar para intentar evitar los constantes fenómenos de El Niño que otras culturas anteriores habían sufrido (entre ellas la cultura moche, de la cual provienen).

Según las creencias chimúes, la humanidad descendía de cuatro estrellas, y, sus descendientes, los fundadores de la cultura chimú, llegaron en balsas de totora desde el mar.

Debido a su cercanía al mar, la sociedad chimú vivía principalmente de la agricultura y de la pesca (mediante el uso de los caballitos de totora). En los centros urbanos como la ciudadela de Chan Chan, en cambio, se llevaba a cabo la artesanía a gran escala.

La cultura chimú, como sociedad administrativa-militar, se extendió por toda la costa norte del Perú, desde el año 900 hasta la conquista de los incas (siglos XIII o XIV). Los incas necesitaron un gran esfuerzo para conquistarlos, ya que resultó ser uno de los reinos más extensos y mejor organizados que sometieron.

La verdad que la visita a la ciudadela nos gustó, aunque poco queda de como debía ser. Las lluvias, el tiempo y el ser humano han causado serios estragos…

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El Horizonte Chavín


Se trata de una de las culturas antiguas del Perú más importantes, ya que ejercieron una gran influencia  en la región. Representa la unificación y la expansión de una iconografía religiosa y artística que tuvo lugar en una amplia franja del norte de los Andes desde aproximadamente el 1500 a.C. hasta el 600 d.C.

En nuestro creciente interés por el conocimiento de las culturas antiguas del Perú, decidimos visitar el yacimiento arqueológico de Chavín de Huántar, a unas 3 horas al este de Huaraz. Está todavía medio sepultado bajo tierra, y recién se está descubriendo todo lo que esconde. Hace poco más de 60 años que se confirmaron las leyendas, cuando en la construcción de una carretera se toparon con una de las esquinas del templo. Desde entonces no se ha parado de desenterrar y de descubrir nuevas ruinas, e incluso ha sido declarado como Patrimonio Mundial. Todavía falta mucho por hacer y mucho por conocer de esta cultura, pero desgraciadamente parece ser que el gobierno peruano no está interesado en invertir de momento en este yacimiento.

Gracias a nuestra guía Liz, a quien desde aquí queremos agradecer su gran conocimiento de la cultura chavín, pudimos aprender y conocer mucho sobre ellos.

La principal deidad de esta cultura era felina (el puma o el jaguar), aunque también adoraban a otros dioses. Sus creencias se pueden resumir en la llamada trilogía chavín: el cóndor (que representa al cielo), el puma (que representa a la tierra) y la serpiente (que representa al submundo), indicando un universo tripartito. En todas sus representaciones artísticas aparecen estas deidades.

Además, siempre se presenta una dualidad enfrentada: lo bueno contra lo malo, masculino contra femenino; el blanco contra el negro… También es común (y curioso) el uso del número 7 o de múltiplos del mismo en sus proporciones arquitectónicas, midiendo, por ejemplo, 49 metros la plaza principal.

El yacimiento arqueológico de Chavín de Huántar probablemente se trataba de un centro ceremonial y de peregrinaje. Se cree que lo visitaban peregrinos desde muy lejos (sur del Perú, Ecuador e incluso de Argentina). Los sacerdotes constituían el estamento más poderoso de Chavín, y ellos eran los que dirigían a los peregrinos. Se cree que una vez allí, se les ofrecía el San Pedro, una cactácea andina con fuertes efectos alucinógenos. Los sacerdotes entonces provocaban fuertes sonidos con caracolas y amplificaban el sonido del flujo del agua a través de los canales circundantes, consiguiendo así que los peregrinos, bajo los efectos del San Pedro, creyeran que los sonidos provenían de felinos y confirmándoles que el templo era un lugar especial para el espanto y la adoración.

A los invitados más ilustres, siempre bajo los efectos del San Pedro, se les permitía descender a los túneles subterráneos para dialogar y ponerse en contacto con el Lanzón monolítico, una piedra de 4,5 metros exquisitamente tallada, también llamado “Dios sonriente”, que representa una persona de cuya cabeza salen serpientes y con colmillos de apariencia felina. Esta imagen ha aparecido en numerosos yacimientos arqueológicos alejados de Chavín.

Alrededor del templo, los muros estaban adornados con lo que se conoce como “cabezas clavas”, símbolos del yacimiento. Estas cabezas representaban las visiones que los chavín tenían bajo los efectos del San Pedro: seres humanos que en su proceso de purificación se iban transformando en felinos. Actualmente, en las paredes del templo sólo resiste una cabeza clava, mientras que el resto están expuestas en el Museo Nacional de Chavín.

No sabemos si fue por las deidades felinas, o por el curioso uso que le daban al San Pedro, o por lo misterioso del sitio, pero la verdad es que nos sorprendió e impactó mucho esta cultura.

La Cordillera Blanca, paraíso de excursionistas

Después del mar, hemos vuelto a las altas cumbres de los Andes. Desde Paracas, fue un viaje largo, con escala en Lima, hasta llegar a Huaraz, a los pies de la Cordillera Blanca.

Esta cordillera es la cordillera tropical más alta del mundo, y en ella se encuentra, además, el nevado más alto del Perú (y según dicen aquí el tercero de América del Sur): el Huascarán (6768 msnm). Pácticamente la mayor parte de esta cordillera está protegida por el Parque Nacional Huascarán, el cual consta de más de 600 glaciares, más de 300 lagunas y aproximadamente 50 nevados por encima de los 5700 metros. Es por todo esto que esta zona es conocida como la «Suiza peruana». Como dato curioso, es en esta cordillera donde se encuentra el famoso nevado de la Paramount Pictures: el Artesonraju (6025 msnm).

Es un paraíso para los escaladores, excursionistas y para todo amante de la naturaleza. Nosotros decidimos caminar hasta la llamada Laguna 69. Consiste en una caminata de 16km con un desnivel acumulado de unos 700 metros. La verdad es que con tanto tiempo caminando por las alturas de los Andes y con el entreno que llevamos, no tuvimos muchas dificultades en llegar y el soroche (o mal de altura) sólo se hizo notar en la última subida, pues la laguna se encuentra ¡a más de 4600 metros! A tal altura notas las piernas pesadas, la cabeza embotada y sobretodo falta de aire. La laguna en sí es espectacular: desde los glaciares de la cima del nevado Chacraraju (6018 msnm) salen diversas cataratas que caen directamente sobre las aguas verde turquesas de la laguna. ¡Un espectáculo maravilloso!

La subida a la laguna la hicimos con una pareja de colombianos de Medellín, David y Jasmín, que se alojaban en el mismo hostal que nosotros en Huaraz. Una vez en la cima, casualmente conocimos a una pareja en la que el chico (Xabier) es gallego y la chica (Alba), catalana. ¡Fue muy bueno conocerlos! Xabier y Alba están viajando por Latinoamérica desde hace ya un año. Aquí os dejamos su blog: www.caracolitos.tumblr.com.

Por cierto, seguramente os preguntaréis porque la laguna se llama Laguna 69. Pues las malas lenguas dicen que la Laguna 69 se llama como tal porque una vez se encontró a una pareja en cierta posición sexual que inspiró tal nombre… aunque en realidad parece ser que es fruto de un contaje de las lagunas, y a ésta le tocó el número 69…

¡Por fin, el mar!

Han tenido que pasar 5 meses y medio para que volviéramos a la costa del Pacífico y para que pudiéramos disfrutar de sus colores y su fuerza. ¡Ya teníamos muchas ganas! Y no nos ha fallado para nada. ¡Ha sido uno de los momentos del viaje!

Después de un viaje interminable de 13 horas desde Arequipa, llegamos por fin a Paracas, pequeño pueblo costero al norte de la Reserva Nacional Paracas y frente a las espectaculares Islas Ballestas. El pueblo no tiene nada especial, excepto que tiene mar, y a nosotros esto nos encanta.

Para visitar la Reserva Nacional Paracas decidimos alquilar unas bicis para recorrer el máximo posible en un día. Los paisajes desérticos amarillos, naranjas, marrones contrastaban con el azul del mar. El día nos acompañó con un sol abrasador, como hemos podido sentir en nuestros hombros, que están más rojos de lo debido.

Pero lo realmente bonito fue cuando fuimos a las Islas Ballestas, muy ricas en fauna. Estas islas son muy importantes para la economía peruana, ya que un alto porcentage de sus ingresos viene de la exportación  al resto del mundo de guano proviniente de estas islas. Es tal la cantidad de aves marinas que en ellas viven, que el guano se acumula en grandes cantidades.

De camino a las islas nos pudimos acercar al famoso Candelabro de Paracas, una figura grabada en la roca en forma de candelabro de unos 127×68 metros. Como las líneas de Nazca (que nosotros no hemos podido visitar por su elevado precio), nadie sabe bien bien el origen de esta forma. Se barajan varias hipótesis: que fue grabado por los piratas para marcar la zona donde escondían sus tesoros; que fue hecha por la cultura paracas, una cultura preincaica que habitaba esta zona; o bien que fue hecha por los conquistadores como método de señalización. Nosotros incluso llegamos a pensar que ha sido hecho como reclamo turístico. Ninguna de las teorías ha sido todavía demostrada, pero en cualquier caso, el contemplarlo merece la pena.

Ir a las Islas Ballestas, fue una especie de sueño cumplido: ¡fue como estar en un documental! Vimos muchísimas especies de aves marinas, como el pelícano peruano (Pelecanus thagus), el piquero peruano (Sula variegata), parecido a nuestro alcatraz, el cormorán neotropical (Phalacrocorax brasilianus), el cormorán guanay (Phalacrocorax bouganvillii), el cormorán de patas rojas (Phalacrocorax gaimardi), la gaviota peruana (Larus belcheri), el gaviotín peruano (Sternula lorata) y lo más espectacular: ¡pingüinos de Humboldt (Spheniscus humboldti)! Estos pingüinos, sólo se encuentran siguiendo la corriente de Humboldt, que es una fría corriente marina que baña las costas del Pacífico de América del Sur.

Además, también pudimos ver mamíferos marinos como el delfín mular (Tursiops truncatus) o ¡el lobo marino suramericano o de un pelo (Otaria flavescens)! Vimos muchos grupos de ellos, formados por enormes machos con su harén de 7 u 8 hembras. ¡Pudimos ver incluso machos luchando entre ellos!

Realmente fue muy emocionante, ya que para nosotros ¡fue la primera vez que vimos lobos marinos y pingüinos en estado salvaje!

Arequipa y el orgullo de ser arequipeño

Y es que Arequipa no es una ciudad más del Perú. Para los arequipeños, Arequipa es una ciudad especial. Y ser de Arequipa es ser especial. Para ellos, Arequipa debería ser incluso la capital del Perú. Su rivalidad y oposición con Lima, los ha llevado incluso a ¡diseñar su propio pasaporte, su propia bandera  y su propia moneda (el characato)!

Es una ciudad que, con sus más de 800.000 habitantes, es la segunda mayor del país. Es relativamente moderna y se la denomina la “ciudad blanca”, debido al material con el que se construyeron los edificios coloniales: sillares de una roca volcánica de color blanco que resplandece a la luz del sol.

Cualquier viajero que se encuentre en el Perú, tarde o temprano acabará acercándose a Arequipa, ya que además de encontrarse en la llamada Ruta del Gringo (la misma que recorre el sur del país y que incluye el lago Titicaca, el Cusco, etc.), está situada relativamente cerca de los dos cañones más profundos del planeta: el Cañón del Cotahuasi y el Cañón del Colca. Además, siempre como telón de fondo, es posible ver los impresionantes volcanes Misti (5822m), el Pichu Pichu (5571m) y el Chachaní (6071m).

Lo bonito de la ciudad es pasear por sus calles y vivir la vida arequipeña. Para ello había que probar algo de su gastronomía, como el queso helado o el chupe. Nosotros probamos el chupe de choros (marisco), ¡el cual estaba riquísimo! Otro de sus platos estrella es el rocoto relleno, un pimiento picante relleno de carne y arroz, el cual, nosotros, como completos detractores del pimiento no nos atrevimos ni a pedirlo…

Lo más destacable y turístico de la ciudad es el famoso Monasterio de Santa Catalina. Este convento es uno de los edificios religiosos más importantes del Perú. La verdad que nuestra visita mereció mucho la pena. Fue muy bonito pasear por sus coloridas calles y ver cómo y donde vivían las monjas. La historia de éste es bastante confusa, pero en sus construcciones se refleja a la perfección los cambios que ha ido sufriendo la sociedad arequipeña a lo largo de los años: desde la invasión de los españoles  en 1570 hasta la edad actual. Actualmente, de hecho, todavía una treintena de monjas siguen viviendo en clausura.

A parte del centro histórico, también visitamos otros barrios periféricos históricos, como el barrio de Cayma (el bacón de Arequipa) o el barrio de Yanahuara, también con excelentes vistas de la ciudad y del volcán Misti.

El Cañón del Colca… ¿el segundo cañón más profundo del mundo?

El Cañón del Colca es el segundo cañón más profundo del mundo (3191 metros), doblando al famoso Cañón del Colorado (unos 1500 metros).El más profundo del mundo es el Cañón del Cotahuasi (también en Perú, 3345 metros). Por lo menos eso es lo que dicen aquí, pues existe un cañón en el valle nepalí Kali Gandaki que tiene casi 6000 metros de profundidad, aunque hay quién dice que este último no es un cañón, si no un barranco.

A nosotros nos ha sido indiferente si el Cañón del Colca es el segundo más profundo o si no lo es. Nos habían dicho que había que verlo, y hasta allí fuimos a explorarlo.

Esta nueva odisea empezó con un viaje de 7 horas (parece que el tiempo estándar de viaje en bus en el Perú es de 7 horas) desde Arequipa hasta el pequeño pueblo de Cabanaconde, por encima del cañón. Allí nos comimos la mejor pizza que hemos comido en todo este tiempo por poco más de 2€ cada uno.

Desde allí empezamos el abrupto descenso hacia San Juan del Chuccho, al fondo del cañón y en la otra orilla del río Colca, para seguir andando hacia el pueblo de impronunciable nombre Cosñirhua y llegar a Sangalle, el llamado “oasis” del cañón, pues parece un oasis verde con piscinas en medio del desierto. Allí dormimos, después de bañarnos y relajarnos en las piscinas.

Al día siguiente empezó lo imposible. Un ascenso de más de 2horas por una cuesta de vuelta a Cabanaconde, ¡con un desnivel de más de 1100 metros!

Óbviamente, el camino fácil (que es lo que la mayoría de turistas hacen) hubiera sido bajar directamente desde Cabanaconde al oasis y subir en mula, pero nosotros preferimos hacerlo más largo y más difícil. ¡Aun así lo conseguimos!

El camino de vuelta a Arequipa fue un poco surrealista, porque pasamos de tener que esperar 1hora y media al autobus a estar subidos en un bus turístico con paradas en varios miradores y pueblos, por el mismo precio. ¡Gracias a esto incluso pudimos ver al enorme cóndor andino (Vultur griphus)!

La verdad que la caminata valió la pena, ¡las vistas eran espectaculares!

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El Lago Titicaca, la cuna del turismo vivencial

¡Bienvenidos al lago navegable más alto del mundo! Este enorme lago, compartido por Perú y Bolivia, se encuentra a unos 3820 msnm, por lo que el famoso mal de altura (o soroche), aquí sí que se hace notar. Aunque no ha sido grave, hemos sentido leves dolores de cabeza, embotamiento de la cabeza, cansancio general y sobretodo falta de aire. Por eso, ¡no ha habido mejor remedio que un buen mate de coca!

Del mismo modo que Cusco y el Machu Picchu, este precioso lago también sufre los efectos del turismo. De hecho, todo viajero que visita el Perú, está obligado a hacer la misma ruta estipulada.

Aun así, los habitantes del lago todavía conservan milagrosamente sus culturas y creencias. La historia de esta gente está llena de mezclas de diferentes culturas: los incas, los collas, los tiahuanacos, los uros… como resultado encontramos una amplia gama de culturas concentradas en esta zona.

Una peculiaridad del turismo en esta zona es lo que se denomina turismo vivencial. Aquí prácticamente no existen hoteles, si no que el viajero se aloja directamente en las casas de los lugareños, conviviendo con ellos, viviendo como viven, comiendo lo que comen y conociendo así más a fondo su cultura. Nosotros pensamos que es una muy buena manera de hacer turismo, porque tanto turistas como huéspedes salen ganando.

Hemos intentado apartarnos un poco de la ruta turística por excelencia, y, en cierto modo, lo hemos conseguido. Decidimos empezar por la Península de Capachica, al norte de Puno (la ciudad más importante a orillas del lago en la orilla peruana). De camino a la pequeña y aislada localidad de Llachón conocimos a Sebastiana y a Oliver, quienes a la postre serían nuestra familia huésped. Nos acogieron con los brazos abiertos y con ellos pudimos ver que esta comunidad, descendiente de los incas, de los collas y de los tiahuanacos, son completamente autosuficientes. Cultivan sus verduras, crían sus propias truchas en el lago (que por cierto están riquísimas), cuidan de sus ovejas, vacas, alpacas y cerdos… Incluso nos dejaron vestirnos con sus ropas típicas y nos explicaron los temas de sus vestidos. Fue una estancia formidable. ¡Gracias, Asociación Pachamama!

De allí saltamos a la isla de Amantaní (según los habitantes, la isla más alta del mundo!) bastante más turística, pero sorprendentemente auténtica, rústica y bonita. Aquí nos alojamos en casa de Valentina Mamani y sus padres Bernardo y Rosa Mamani. Aunque no fue tan intenso como en Llachón, estuvimos muy cómodos en su casa, hablando y conociendo a Valentina y a su familia. Cabe decir que Valentina apenas hablaba español, ya que su lengua materna es el quechua, pero aun así la comunicación fue posible.  En esta isla, además, visitamos dos ruinas de la cultura tiahuanaco, la de Pachamama y la de Pachatata. Desde arriba de estas colinas disfrutamos de las vistas del lago y de una puesta de sol inolvidable.

Ya por último, alquilamos un barco para que nos llevara de vuelta a Puno, pero pasando antes por las megaturísticas islas Uros. Estas islas, aunque realmente son un circo hecho a medida del turista, no se pueden perder. Son islas flotantes construidas sobre la totora, una especie de junco que crece naturalmente en el lago en grandes cantidades. Hace unos 20 años que se empezaron a construir y aparentemente los Uros viven allí. Tienen sus granjas de truchas, sus cabañas para dormir, sus escuelas e incluso sus iglesias. Debido al modo en que están construidas, hay quien discute la autenticidad de estas islas, ya que parecen hechas a modo de parque de atracciones.

En resumen, a pesar del turismo, convivir durante unas noches con estas familias ha sido una experiencia muy positiva. Nos vamos con ganas de volver, pero la próxima vez, ¡queremos conocer la orilla boliviana!

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Cusco, la capital del Imperio Inca

Cusco, a pesar de ser una de las ciudades más turísticas del mundo, mantiene ese aire que la distingue de las demás ciudades. En esta ciudad de poco más de 350.000 habitantes todavía se respira el ambiente inca que la hizo crecer.

Se estableció como centro y capital del imperio inca durante siglos. De hecho, su nombre (qosqío en quechua) significa «el ombligo del mundo».

Fue el noveno inca, el llamado Pachacútec (Inqa Yupanki), el principal responsable del crecimiento de esta ciudad. Así, los principales monumentos de la ciudad (Sacsayhuamán, Koricancha, etc) o en sus alrededores (Ollantaytambo, probablemente Machu Picchu…) fueron construidos por él.

Como ya visteis en anteriores posts, pudimos ver la ciudad durante su mayor festividad, la del «Inti Raymi». Pero ahora, durante nuestro viaje, hemos podido conocer más a fondo esta gran ciudad. Nos ha servido de base para visitar el Valle Sagrado y el Machu Picchu, así como punto de partida para nuestro próximo destino: el lago Titicaca.

Nos hemos comprado gorros, chompas (sudaderas), pulseras…¡ya somos oficialmente turistas! Hemos recorrido sus calles y sus mercados de arriba a abajo, hemos visto la fiesta del barrio San Blas… También hemos comido la comida típica: el cuy (conejillo de Indias), de sabor especial pero parecido al pollo y con muchos huesecillos; picarones, una especie de dulce buenísimo, etc.

Paseando por sus calles y mercados artesanales, es posible de ver a los típicos lugareños andinos vestidos con sus ropas tradicionales, paseando sus alpacas por la ciudad y hablando quechua. Deciros que después de algo más de una semana viajando y oyendo quechua, desistimos de aprender esta lengua. ¡Es tan difícil y tiene tantas variedades!

La verdad es que aparte de ser tan turística y de sentirte como un monedero andante para los touroperadores, hemos disfrutado la ciudad mientras hemos estado allí.

¡Nos vemos en el lago Titicaca!

Machu Picchu, una maravillosa odisea

¡Lo conseguimos! Hemos conseguido subir a una de las 7 Maravillas del Mundo… ¡¡el espectacular Machu Picchu!!

Pero subir a sus 2400 metros de altura no ha sido tarea fácil… al ser un lugar tan turístico y de difícil acceso los precios se disparan…

Para llegar al Machu Picchu hay tres alternativas: hacer el «Camino Inca»(se nos sale de presupuesto), llegar en tren o llegar a pie al pueblo de Aguas Calientes (a 2040 msnm), también llamado Machu Picchu Pueblo.

Nosotros, como buenos mochileros ahorradores optamos por la tercera opción, a pie, ya que además de más barata resultó ser muy bonita.

Desde las ruinas de Ollantaytambo que os presentábamos en la anterior entrada, cogimos un autobús hacia el pequeño pueblo de Santa María. El trayecto fue surrealista, pero bonito e inolvidable. Fueron unas 4 horas en el suelo del autobús (no había sitio y nos cobraron más barato), siendo nosotros los únicos turistas y cruzando puertos de montaña de hasta 4300 msnm. Fue muy bonito viajar sólo con la gente del país y hablar con ellos.

Una vez en Santa María, cogimos un taxi hasta el pueblo de Santa Teresa, donde pasamos la noche (por menos de 3’5 euros por persona dormimos en habitación doble con baño privado, agua caliente y con acceso a cocina). Una vez allí, nos permitimos el lujo de ir a unas termas naturales (por menos de 2 euros) llamadas Colcamayo, a orillas del río Urabamba, para descansar antes de las caminatas que nos esperaban al día siguiente.

En realidad, lo fácil hubiera sido llegar en taxi a la Hidroeléctrica (punto de partida de la caminata a pie hasta Aguas Calientes), y, de allí andar 14 km por un bonito sendero rodeando el Machu Picchu. Pero como lo fácil es más aburrido, decidimos llegar a pie a la Hidroeléctrica a través de un Camino Inca del que nos hablaron en Santa Teresa: el de las ruinas de Llactapata (11.9 km). Total: ¡más de 25 km! Eso sí, este Camino Inca valió muchísimo la pena, ya que a parte de los bonitos paisajes, de las empinadas subidas y bajadas y de las bonitas ruinas de Llacmabamba, ¡pudimos ver a lo lejos el Machu Picchu! El momento en que por primera vez vimos el Machu Picchu fue muy especial, y fue incluso mejor que cuando llegamos a las ruinas propiamente dichas.

Al finalizar la caminata inca, todavía nos quedaban 14 km para llegar a Aguas Calientes, un sendero muy bonito lleno de vegetación que recomendamos al 100%.

Al día siguiente de llegar a Aguas Calientes decidimos descansar (dar un respiro a nuestras piernas) y aprovechar para conocer el pueblo que, aunque muy turístico, tiene cierto encanto. De esta forma ahorramos energía para lo que nos esperaba al otro día.

Para subir a Machu Picchu desde Aguas Calientes hay un servicio de autobuses desde las 5:30 de la mañana, pero también hay otra opción: subir a pie y llegar antes de la oleada de turistas… tentador ¿no?

Fueron 45 minutos de subida de madrugada sin aliento, para estar a las 6 en punto en la puerta. Y la verdad, ¡el esfuerzo y el madrugón valieron la pena!

En las ruinas, pasamos todo el día, andando, haciéndonos las fotos de rigor y disfrutando de la magia del lugar. Por si no fuera poco, y a pesar del cansancio, Albert decidió subir todavía un poco más, para tener unas vistas desde arriba del Santuario, así que se atrevió a ascender hasta los 3070 msnm de la llamada montaña Machu Picchu, desde donde las vistas no le decepcionaron.

Podemos decir que Machu Picchu no sólo es bonito por sus ruinas, si no por el emplazamiento donde se encuentra. Y podemos confirmar que todo lo que habíamos leído y visto en fotografías es verdad.

¡Estamos muy contentos de haber podido vivir esta Maravillosa odisea! Y como una imagen vale más que mil palabras aquí va una buena muestra de lo que hemos vivido estos días…

PD: se aceptan comentarios sobre el improvisado look de Albert, ¡no seáis muy crueles! 😉