Un gran potencial ecoturístico

Durante nuestro viaje por Costa Rica, decidimos acercarnos al país que une el Atlántico con el Pacífico: la República de Panamá. Por falta de tiempo, nos limitamos a visitar el oeste del país, es decir, toda la franja que hace frontera con Costa Rica.

En los poquitos días que pasamos allí, nuestra impresión fue que pese a que no está ni mucho menos tan protegido y cuidado como su país vecino, sí que es un país con mucho potencial ecoturístico, con multitud de selvas, playas de ensueño y parques naturales.

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Cruzamos a Panamá por la parte caribeña, cruzando el río Sixaola, el cual hace las veces de frontera, siendo éste uno de los puestos fronterizos más relajados de Costa Rica. Desde allí nos dirigimos hacia la Finca 63, punto de partida hacia las islas del paradisíaco archipiélago de Bocas del Toro y desde donde en ferry llegamos a la ciudad de Bocas del Toro, capital de la principal isla, la Isla Colón.

Este pintoresco archipiélago de islas selváticas está formado por islas de todos los tamaños, pequeños cayos y manglares, alrededor de las cuales se encuentran numerosas especies de peces, aves, tortugas o ranas, entre otras. Estas especies, algunas en peligro de extinción, coexisten con los restos del reality show estadounidense Supervivientes y con hordas de turistas, mayormente jóvenes, que se acercan a estas islas en busca de playas, fiesta y diversión.

Sólo acercarnos ya nos dimos cuenta que estas islas eran algo completamente diferente de lo que habíamos visto hasta el momento. Casitas de madera, de colores, construidas literalmente encima del mar, y que aunque un poco turístico (demasiado para nuestro gusto), el simple hecho de estar rodeado de aguas cristalinas, hizo que haber ido hasta allí hubiera valido la pena. Hay pocos lugares que mantengan esta particular atmósfera, primitiva, turística y atrayente al mismo tiempo.

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Fue aquí en Bocas del Toro donde nos dimos un homenaje comiendo la típica langosta de la zona y donde incluso salimos de fiesta en una discoteca flotante. No es que lleváramos ese plan, pero nos dejamos influenciar por el ambiente festivo. La verdad es que Isla Colón nos recordó un poco a la isla de Ibiza, pero al estilo caribeño.

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IMG_2686Es por ello que decidimos huir de la multitud y visitar otras islas menos turísticas, ya que como hemos dicho, parecía que Isla Colón era la única que muchos turistas visitaban. Así que, aprovechando un ferry turístico (que incluía avistamiento de delfines, snorkeling y  visita a una  paradisíaca playa) llegamos a la Isla Bastimentos.

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IMG_2693_MG_2729_MG_2731Esta playa paradisíaca, Red Frog Beach, recibe este nombre porque en ella se encuentra la rana flecha roja y azul (Oophaga pumilio), la cual es venenosa y se encuentra por toda la vertiente caribeña desde Nicaragua hasta el mismo archipiélago de Bocas del Toro. Aquí, los niños locales aprovechan el tirón turístico para enseñar la ranita a los curiosos turistas.

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El ambiente en Bastimentos era mucho más agradable y auténtico. La población de la isla es mayormente afro-antillana, lo que la hace diferente al resto, con una atmósfera muy característica. Los precios también eran mucho más económicos, por lo que pudimos encontrar alojamiento de lujo por un módico precio (¡cabañita en un palafito por 8 dólares la pareja!).

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Antes de volver a Costa Rica decidimos pasar un par de días en la localidad de Boquete, un pequeño pueblo situado a 1200 metros de altitud, rodeado de altas montañas, cerca del Parque Natural La Amistad (el cual es compartido por Costa Rica y por Panamá), y lugar típico para realizar todo tipo de actividades de montaña.

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Fue nuestra última parada en Panamá, antes de volver a Costa Rica por la frontera suroeste de Paso Canoas, la cual por cierto nos pareció muy caótica comparada con la de Sixaola.

Nos fuimos con la sensación de que nos quedaba un gran país por descubrir con un gran potencial ecoturístico y con muchísima biodiversidad.

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