La guinda del pastel

Ya como último destino y para acabar nuestro viaje, decidimos subir hacia el norte, casi en la frontera con Ecuador, para disfrutar de las famosas playas de Máncora y sus alrededores.

Es un pequeño pueblo que ha crecido bastante con el turismo pero que aun mantiene su ambiente playero, surfero y de relax. Disfrutamos del sol, de la tranquilidad de la playa y del ambiente hippie-artesano que hay en el pueblo. De hecho se dieron las cosas para conocer a muchos artesanos, la mayoría argentinos, y hasta acabamos en una fiesta con ellos.

Subiendo hacia el norte, después de quilómetros y quilómetros de desierto (desde Chile hasta aquí), de repente aparecen los manglares de Puerto Pizarro, al ladito de Ecuador.  Decidimos subir hasta allí en un tour turístico que nos incluía varios sitios de interés. Por un lado, bañito refrescante en la playa de Punta Sal. Después visita a los hervideros de barro de Zorritos, los cuales, según dicen, tienen propiedades terapéuticas. Los dos acabamos llenos de barro y días después todavía tenemos sus restos.

Y por último, visitamos los manglares. Éstos, empiezan aquí y se extienden hacia el norte por todo Ecuador hasta Colombia. Es un muy buen sitio para ver aves, especialmente en el islote conocido como Isla de los Pájaros. Pudimos avistar, entre muchas otras, a la garceta azul (Egretta caerulea) y la que más ilusión nos hizo, la fragata magnífica o real (Fregata magnificens), una especie mítica de documental que se caracteriza por tener el macho una gran bolsa gular roja usada en el periodo de reproducción. Además, también visitamos un centro criadero de cocodrilo americano (Crocodylus acutus), el cual solía encontrarse en estos manglares pero desapareció por culpa de la caza. La intención del centro es preservar y criar esta especie, pero a nosotros, como biólogos conservacionistas que nos sentimos, creemos que la verdadera intención del centro es lucrarse a base de exponer el cocodrilo a los turistas. En fin, opiniones para todo.

Antes de volver a Máncora, nuestros compañeros del tour se empeñaron en ir a la frontera entre Perú y Ecuador. Así que derepente, sin haberlo planeado previamente, nos encontramos en suelo ecuatoriano durante diez minutos, en el pueblo de Huaquillas. ¡Surrealista! Decir que este puesto fronterizo es conocido como uno de los peores de toda América del Sur…

Pero la verdadera traca final fue la salida que hicimos para intentar avistar ballenas. Como buenos amantes del mar y de la vida marina,decidimos darlo todo en nuestro último día para intentar avistar a la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), cual se encuentra en estas aguas del norte y es probable que sea una zona de reproducción. ¡Avistamos hasta tres ballenas en desplazamiento! Fue de lo mejorcito del viaje… Además, también pudimos ver al delfín de hocico largo (Delphinus capensis), muchas tortugas verdes (Chelonia mydas), a la gaviota de Franklin (Larus pipixcan) y al piquero de patas azules (Sula neuboxii). ¡Fue una digna salida de whalewatching!

Durante estos días, Albert hasta se animó a hacer surf. La verdad es que las olas eran asequibles para aprender, y con la ayuda de un instructor, contra todo pronóstico se consiguió poner de pie en la tabla de surf.

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¡Ha sido la guinda perfecta para un viaje inolvidable!

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