Arequipa y el orgullo de ser arequipeño

Y es que Arequipa no es una ciudad más del Perú. Para los arequipeños, Arequipa es una ciudad especial. Y ser de Arequipa es ser especial. Para ellos, Arequipa debería ser incluso la capital del Perú. Su rivalidad y oposición con Lima, los ha llevado incluso a ¡diseñar su propio pasaporte, su propia bandera  y su propia moneda (el characato)!

Es una ciudad que, con sus más de 800.000 habitantes, es la segunda mayor del país. Es relativamente moderna y se la denomina la “ciudad blanca”, debido al material con el que se construyeron los edificios coloniales: sillares de una roca volcánica de color blanco que resplandece a la luz del sol.

Cualquier viajero que se encuentre en el Perú, tarde o temprano acabará acercándose a Arequipa, ya que además de encontrarse en la llamada Ruta del Gringo (la misma que recorre el sur del país y que incluye el lago Titicaca, el Cusco, etc.), está situada relativamente cerca de los dos cañones más profundos del planeta: el Cañón del Cotahuasi y el Cañón del Colca. Además, siempre como telón de fondo, es posible ver los impresionantes volcanes Misti (5822m), el Pichu Pichu (5571m) y el Chachaní (6071m).

Lo bonito de la ciudad es pasear por sus calles y vivir la vida arequipeña. Para ello había que probar algo de su gastronomía, como el queso helado o el chupe. Nosotros probamos el chupe de choros (marisco), ¡el cual estaba riquísimo! Otro de sus platos estrella es el rocoto relleno, un pimiento picante relleno de carne y arroz, el cual, nosotros, como completos detractores del pimiento no nos atrevimos ni a pedirlo…

Lo más destacable y turístico de la ciudad es el famoso Monasterio de Santa Catalina. Este convento es uno de los edificios religiosos más importantes del Perú. La verdad que nuestra visita mereció mucho la pena. Fue muy bonito pasear por sus coloridas calles y ver cómo y donde vivían las monjas. La historia de éste es bastante confusa, pero en sus construcciones se refleja a la perfección los cambios que ha ido sufriendo la sociedad arequipeña a lo largo de los años: desde la invasión de los españoles  en 1570 hasta la edad actual. Actualmente, de hecho, todavía una treintena de monjas siguen viviendo en clausura.

A parte del centro histórico, también visitamos otros barrios periféricos históricos, como el barrio de Cayma (el bacón de Arequipa) o el barrio de Yanahuara, también con excelentes vistas de la ciudad y del volcán Misti.

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