La guinda del pastel

Ya como último destino y para acabar nuestro viaje, decidimos subir hacia el norte, casi en la frontera con Ecuador, para disfrutar de las famosas playas de Máncora y sus alrededores.

Es un pequeño pueblo que ha crecido bastante con el turismo pero que aun mantiene su ambiente playero, surfero y de relax. Disfrutamos del sol, de la tranquilidad de la playa y del ambiente hippie-artesano que hay en el pueblo. De hecho se dieron las cosas para conocer a muchos artesanos, la mayoría argentinos, y hasta acabamos en una fiesta con ellos.

Subiendo hacia el norte, después de quilómetros y quilómetros de desierto (desde Chile hasta aquí), de repente aparecen los manglares de Puerto Pizarro, al ladito de Ecuador.  Decidimos subir hasta allí en un tour turístico que nos incluía varios sitios de interés. Por un lado, bañito refrescante en la playa de Punta Sal. Después visita a los hervideros de barro de Zorritos, los cuales, según dicen, tienen propiedades terapéuticas. Los dos acabamos llenos de barro y días después todavía tenemos sus restos.

Y por último, visitamos los manglares. Éstos, empiezan aquí y se extienden hacia el norte por todo Ecuador hasta Colombia. Es un muy buen sitio para ver aves, especialmente en el islote conocido como Isla de los Pájaros. Pudimos avistar, entre muchas otras, a la garceta azul (Egretta caerulea) y la que más ilusión nos hizo, la fragata magnífica o real (Fregata magnificens), una especie mítica de documental que se caracteriza por tener el macho una gran bolsa gular roja usada en el periodo de reproducción. Además, también visitamos un centro criadero de cocodrilo americano (Crocodylus acutus), el cual solía encontrarse en estos manglares pero desapareció por culpa de la caza. La intención del centro es preservar y criar esta especie, pero a nosotros, como biólogos conservacionistas que nos sentimos, creemos que la verdadera intención del centro es lucrarse a base de exponer el cocodrilo a los turistas. En fin, opiniones para todo.

Antes de volver a Máncora, nuestros compañeros del tour se empeñaron en ir a la frontera entre Perú y Ecuador. Así que derepente, sin haberlo planeado previamente, nos encontramos en suelo ecuatoriano durante diez minutos, en el pueblo de Huaquillas. ¡Surrealista! Decir que este puesto fronterizo es conocido como uno de los peores de toda América del Sur…

Pero la verdadera traca final fue la salida que hicimos para intentar avistar ballenas. Como buenos amantes del mar y de la vida marina,decidimos darlo todo en nuestro último día para intentar avistar a la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae), cual se encuentra en estas aguas del norte y es probable que sea una zona de reproducción. ¡Avistamos hasta tres ballenas en desplazamiento! Fue de lo mejorcito del viaje… Además, también pudimos ver al delfín de hocico largo (Delphinus capensis), muchas tortugas verdes (Chelonia mydas), a la gaviota de Franklin (Larus pipixcan) y al piquero de patas azules (Sula neuboxii). ¡Fue una digna salida de whalewatching!

Durante estos días, Albert hasta se animó a hacer surf. La verdad es que las olas eran asequibles para aprender, y con la ayuda de un instructor, contra todo pronóstico se consiguió poner de pie en la tabla de surf.

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¡Ha sido la guinda perfecta para un viaje inolvidable!

Los moches y el culto a El Niño

Os presentamos a la última cultura precolombina de las varias que hemos conocido en este tiempo: los moches. Esta sociedad se asentó alrededor del valle del río Moche, en las zonas de Trujillo y Chiclayo, y se extendió por toda la costa norte del Perú, entre el 100 y el 800 d.C.

Destacaron por ser los prioneros en lograr un eficiente manejo del agua, tanto del río como del mar, para uso agrícola. También han sido considerados como los mejores ceramistas del Perú, a tenor de los miles de restos de bella factura que se han encontrado representando a dioses, humanos, muertos, animales o temas ceremoniales.

Nosotros hemos ido aprendiendo de esta cultura en dos lugares diferentes. Por un lado, cuando estuvimos en Huanchaco, visitamos las famosas huacas del Sol y de la Luna, templos de forma piramidal truncada. La entrada incluye visita al museo y visita guiada a la huaca de la Luna, por lo que nos pudimos empapar bastante.

La huaca de la Luna consistía en un centro ceremonial importante para la cultura mochica. Sus más de 1500 años de antigüedad han hecho estragos, y en la actualidad parece un montón de ladrillos cubierto por arena. Pero una vez dentro, y con las explicaciones de la guía, la verdad es que resultó muy interesante.

El templo está constituido por cinco templos diferentes, construidos uno encima del otro y correspondiendo cada uno a periodos diferentes. Cada vez que lo creían necesario (un año de mala cosecha, un cambio de líder, el fin de una etapa…) sepultaban bajo ladrillos de adobe el templo anterior y construían otra más nuevo inmediatamente encima. Las excavaciones que han tenido lugar hasta ahora muestran por partes estos cinco templos.

En todos ellos es común la representación de los frisos de las paredes con la imagen de su deidad principal, Ai-apaec, también llamado el «dios decapitador». Siempre es representado con dentadura felina, serpientes u otros animales en la cabeza y un cuchillo decapitador en una mano y una cabeza humana en la otra. A pesar de lo escabroso, resulta particularmente bonito. A este dios se le ofrecían sacrificios humanos, escogidos en base a lo que se llamaba combate ritual. En él se enfrentaban dos valerosos guerreros, y el perdedor era sacrificado orgullosamente para pedirle suerte a Ai-apaec.

Aparentemente, la huaca, además de servir como centro cerimonial, era el lugar de residencia de la élite religiosa, los cuales ejercían de líderes del pueblo. El resto de la población vivía en el pueblo, a los pies de la huaca, del cual apenas quedan restos. Al otro lado del éste, se encuentra la huaca del Sol, la cual es considerada la estructura individual precolombina más grande del Perú. Todavía se desconoce mucho sobre su función concreta, ya que todavía no se ha podido excavar por falta de fondos.

Los sacerdotes tenían el poder absoluto en estas zonas. Eran ellos los que ofrecían los sacrificios a sus deidades y para el pueblo, eran los responsables de mantener contentos a los dioses con sus sacrificios.

Por encima de ellos, se encontraban los reyes absolutos. El más conocido es el Señor de Sipán, el museo y los restos del cual nosotros pudimos visitar cuando visitamos la zona de Chiclayo. El llamado Museo Tumbas Reales de Sipán es el orgullo del norte del país. Justo ahora se cumplen 25 años de su descubrimiento, el cual es considerado uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de Sudamérica desde el Machu Picchu. En el museo se encuentran los numerosos descubrimientos de la tumba del Señor de Sipán, el cual fue enterrado con múltiples piezas de oro, todo su atuendo, su séquito real, niños, mujeres, animales, guardianes… Por seguridad, en este museo no se pueden tomar fotos, por lo que os mostramos una foto sacada de nuestro gran amigo google.

El fin de esta cultura vino marcado por una fuerte sequía y unas fuertes inundaciones causadas por el fenómeno de El Niño, tan comunes en esta zona. Los sacerdotes vieron poco a poco como su poder y su credibilidad decrecían, puesto que por muchos sacrificios que se realizaban la situación no mejoraba. Así que la sociedad se dividió, orginando algunos de ellos (junto con la cultura huari) a la cultura chimú, que ya os contamos en anteriores entradas.

Y hasta aquí las entradas dedicadas a las culturas precolombinas. ¡Os prometemos que a partir de ahora ya no os toruraremos más con entradas de este tipo!

Por cierto, típico de esta zona, a parte de estas culturas, cabe destacar a los «biringos», los singulares perros peruanos sin pelo, típicos de la zona. Son un poco grimosos… ¿no?

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La catarata de Gocta, posiblemente una de las cataratas más altas del mundo

Una de las zonas que hasta ahora nos ha sorprendido y gustado más es la del Departamento Amazonas, en el norte del Perú. Se encuentra en una zona de montañas, en la parte de transición hacia la selva. Por toda esta zona se encuentran esparcidas numerosas ruinas de la cultura de los Chachapoyas, como la fortaleza de Kuélap.

Pero a parte de Kuélap, este departamento presenta muchas más cosas para visitar. La verdad es que hubiera merecido la pena quedarse más días, pero la falta de tiempo nos ha hecho quedarnos con lo básico.

La capital del Departamento, Chachapoyas (el mismo gracioso nombre del que ya hemos hablado), fue lo primero en sorprendernos. Es pequeña y activa, pero al contrario que muchas otras ciudades, no llega a ser caótica. La disposición urbanística está muy cuidada, siendo todas las casas blancas con letreros negros, lo que sumado a las nubladas montañas verdes de los alrededores, le da una belleza especial.

A parte, la gente aquí es extremadamente amable. Por todo el país hemos podido disfrutar de su amabilidad, pero lo sentimos más especialmente en esta zona, seguramente porque todavía no es muy turística.

De entre las múltiples ruinas y cosas para ver, escogimos visitar la catarata de Gocta. Consta de dos caídas (la primera de 231 metros y la segunda de 540 metros) que, sumadas (771 metros), la colocan entre una de las cataratas más altas del mundo. Según los habitantes de la zona, esta caída ha sido reconocida por la National Geographic Society como la tercera más alta del mundo.

Una de las razones por la que no es muy conocida es porque sólo hace seis años que están abiertas al público. Obviamente los lugareños conocían su existencia, pero según las leyendas, aquel que visitaba las cataratas no volvía nunca más, puesto que las sirenas que en ella habitaban se los llevaban para no volver. Fue un alemán quien en el 2006 echó por tierra todos los mitos llegando a la catarata y «abriéndola» al público en general.

Nosotros no nos encontramos ninguna sirena que se nos llevara para no volver. Lo que sí nos encontramos fue una caminata de varias horas para acceder a ella. Aunque lo peor fue la tormenta que nos cayó encima durante todo el camino de vuelta… ¡acabamos chorreando!

Queremos acabar esta entrada transcribiendo estas significativas frases que nos encontramos de camino a la catarata:

«Cuando el último árbol sea cortado, cuando el último río sea contaminado, cuando el último animal salvaje sea cazado, os daréis cuenta de que el dinero no se come».

«Quien siembra un árbol promete el futuro. Quien lo conserva te lo asegura».

«No te detengas hasta conseguirlo».

«Las gotas que caen aceptan su destino. Las que rebotan intentan cambiarlo».

¡Meditad sobre ellas!

Curiosidades del peruano

Ya llevamos casi seis meses en este estupendo país, y nos sentimos en condiciones de describir algunos rasgos y costumbres curiosos del carácter peruano (siempre desde el más profundo cariño y respeto hacia ellos):

– al contrario que nosotros, la forma de hablar es siempre educada y sin levantar la voz. De hecho ya nos ha pasado varias veces que la gente se piensa que estamos enfadados, ya que a menudo hablamos siempre en tono alto y soltando tacos.

– como en todos los países latinoamericanos, el «ahorita» no significa «ahora». Este «ahorita» puede significar horas.

– para empezar en el día con energía te encuentras de desayuno: ¡lomo saltado!

– hay mucha comida típica que está muy muy rica. Pero el peruano sobretodo come arroz y pollo… ¡comen quilos!

– en todos los sitios que hemos desayunado (que han sido muchos) siempre hemos encontrado exactamente la misma mermelada de fresa…

– en cualquier restaurante siempre habrá una televisión a todo volumen con el archipopular programa «Yo Soy» (más o menos una mezcla entre nuestro Operación Triunfo y Lluvia de Estrellas) o el programa «Combate» (un estilo Gran Prix del Verano).

– los cubiertos para comer no se sirven indiviualmente a cada persona, si no que se sirven en una bandejita en el centro de la mesa para que cada uno los coja.

– en los bares que sirven menú no se acostumbra a beber nada durante la comida. Si se bebe algo suele ser una bebida caliente tipo chicha o un mate.

– ¡apenas existen las cafeterías! El mate o el café cuesta encontrarlo.

– en todo autobús o medio de transporte la música está siempre a tope. En su defecto, habrá alguien para poner las mismas canciones de siempre desde su teléfono móvil. ¡Nos sabemos todas las canciones!

– en el Perú nunca tienen «sencillo» (cambio de billetes grandes).

– en ningún lugar encuentras papel higiénico… ¡a veces incluso hay  que pagar!

– cualquier pared de cualquier casa sirve para pintar propaganda electoral… e incluso años después de haberse realizado las elecciones… ¡la propaganda sigue allí!

– en la mayoría de pueblos (excepto en las grandes ciudades como Lima), los perros no tienen dueño. ¡Existen auténticas bandas callejeras caninas!

¡VIVA EL PERÚ!

Kuélap, hogar de la «gente de las nubes»

Por fin llegamos al departamento Amazonas, justo en la frontera entre el norte de los Andes peruanos y la selva amazónica. Allí se encuentra Kuélap, una impresionante fortaleza en lo alto de una montaña (a unos 3000 msnm), perteneciente a otra cultura precolombina de curioso nombre, los Chachapoyas, que habitaron esta zona entre el 800 y el 1470 d.C. aproximadamente, cuando fueron conquistados por los incas, aunque no completamente subyugados.

Poca cosa se sabe de esta cultura, excepto que resultaron una dura piedra de roer para los incas en su afán de conquista, y que supuestamente se aliaron con los españoles para vencer al Imperio Inca. Fueron grandes comerciantes y guerreros y constituyeron una de las culturas más avanzadas de la selva del Perú.

Además de Kuélap, dejaron numerosos testimonios a lo largo del valle del río Utcabamba, pero nosotros, sobretodo por falta de tiempo (en muy poquito se nos acaba lo bueno), sólo visitamos Kuélap.

Para llegar, vivimos otra de nuestras bonitas odiseas. Autobús de 6 horas y pico desde Cajamarca a Celendín, un pueblo sólo conocido por ser de paso obligado para los pocos viajeros que optan por esta ruta. Después de pasar la noche allí, y debido a que la carretera que une Celendín con Tingo (a los pies de Kuélap) se encontraba en obras, salimos mucho más tarde de lo esperado. Después de otro largo viaje de casi 9 horas por una carretera digna para los más valientes, llegamos al Tingo. Y ya pronto por la mañana del día siguiente, decidimos subir a pie hasta la fortaleza.

En todo este tiempo hemos andado muchísimos quilómetros; hemos subido y bajado montañas; hemos entrenado las piernas y acostumbrado nuestro cuerpo al esfuerzo. ¡Pero como esta subida no ha habido ninguna! Cabe decir aquí que ésta no es la única manera de acceder a Kuélap… ¡también teníamos la opción de subir por el otro lado en un colectivo!

Fue una dura subida que luego se vio recompensada por la visita a las ruinas de Kuélap. No está clara la función de la ciudad, rodeada de una gran muralla de 20 metros de altura. Se dice que sirvió de residencia de la élite religiosa; también se ha dicho que era un lugar de refugio; o que simplemente era una ciudad fortificada. Se dice, que para construirla se utilizaron más piedras que para la de la Gran Pirámide de Egipto. Aunque mucho de lo que había no ha soportado el paso del tiempo, es impresionante imaginarse donde vivía esta gente entre las nubes. Pero lo que más nos sorprendió es que a pesar de ser conocido como el «Machu Picchu del norte», todavía no es tan turístico como cabía esperar.

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Por cierto, estamos seguro que lo único que recordaréis de todo lo que os acabamos de contar es el nombre de la cultra: ¡CHACHAPOYAS!

Cajamarca, el principio del fin del gran Imperio Inca

Después de otro largo viaje en autobús, llegamos a la ciudad de Cajamarca, una ciudad histórica. Fue aquí donde los españoles comandados por Francisco Pizarro, poco después de desembarcar en el norte del Perú, apresaron al Inca Atahualpa, mientras éste disfrutaba de unos días de descanso después de la guerra civil inca contra las tropas de su hermano Huáscar.

Los españoles trataron de convertir a Atahualpa a la religión cristiana, pero el Inca se negó rotundamente, así que Pizarro decidió apresarlo en una emboscada, matando y sometiendo a miles de indígenas. Fue así como Atahualpa, en un intento de recobrar su libertad ofreció un rescate consistente en una cámara repleta de oro y dos de plata.

Nosotros pudimos visitar el llamado Cuarto del Rescate, donde no se sabe bien bien si fue allí donde se acumuló el rescate o si fue allí donde Atahualpa fue encarcelado. No dejan de ser cuatro paredes en ruinas… pero al fin y al cabo es historia.

Aun así, después de meses de secuestro y a pesar del lujoso rescate, Pizarro acabó asesinando a Atahualpa de todas formas, empezando así la conquista española sobre los incas.

Durante nuestra breve parada en Cajamarca también pudimos visitar los famosos Baños del Inca, unas fuentes termales donde Atahualpa disfrutaba de su descanso justo antes de la llegada de los conquistadores españoles. ¡Fue un baño de agua caliente que disfrutamos como incas!

La tranquilidad de Huanchaco y el culto al mar en Chan Chan

Seguimos nuestro recorrido hacia el norte del país. Nuestra intención inicial era la de quedarnos en Trujillo, pero siguiendo las recomendaciones que nos habían dado, nos fuimos a disfrutar de la tranquilidad del pequeño pueblo pesquero de Huanchaco, en las afueras de Trujillo.

A pesar de que el tiempo no estaba para bañarse, pudimos pasear por la playa y por el pueblo, así como conocer los «caballitos de totora» (balsillas o tups), pequeñas embarcaciones hechas de totora usadas por los habitantes de la zona para pescar desde hace más de 4000 años. El hostal donde nos alojamos, el Hostal Océano, fue de lo mejor, ya que a parte de la amabilidad de sus dueños, nos sentimos supercómodos y relajados. Habitación matrimonial con agua caliente, televisión por cable, vistas al mar, wi-fi y cocina… ¡todo por poco más de 4€ por persona!

A parte, esta zona del norte del Perú es muy importante debido a los numerosos yacimientos arqueológicos pertenecientes a diversas culturas preincas: principalmente la cultura moche y la cultura chimú. Así que siguiendo con el gusanillo de aprender sobre éstas, fuimos a visitar algunos de estos yacimientos: la Huaca de la Luna, perteneciente a la cultura moche y de la cual hablaremos en otra entrada más adelante; y la ciudadela de Chan Chan, perteneciente a los chimúes.

Esta ciudadela, Patrimonio de la Humanidad, es la segunda mayor ciudad de adobe del mundo y se considera la mayor ciudad precolombina de toda América. Se encuentra en una inhóspita zona desértica muy cercana al mar, entre Trujillo y Huanchaco. Se supone que en sus tiempos albergaba más de 10.000 viviendas, aunque hoy en día, lo que queda más o menos en pie para visitar es el palacio de Nik An, un amurallado centro social y religioso.

Este palacio representa el mayor ejemplo de la importancia del mar para esta cultura y del culto que se le rendía, puesto que a lo largo de sus paredes se pueden ver numerosas representaciones de pelícanos, peces u olas marinas.Se cree que se rendía culto al mar para intentar evitar los constantes fenómenos de El Niño que otras culturas anteriores habían sufrido (entre ellas la cultura moche, de la cual provienen).

Según las creencias chimúes, la humanidad descendía de cuatro estrellas, y, sus descendientes, los fundadores de la cultura chimú, llegaron en balsas de totora desde el mar.

Debido a su cercanía al mar, la sociedad chimú vivía principalmente de la agricultura y de la pesca (mediante el uso de los caballitos de totora). En los centros urbanos como la ciudadela de Chan Chan, en cambio, se llevaba a cabo la artesanía a gran escala.

La cultura chimú, como sociedad administrativa-militar, se extendió por toda la costa norte del Perú, desde el año 900 hasta la conquista de los incas (siglos XIII o XIV). Los incas necesitaron un gran esfuerzo para conquistarlos, ya que resultó ser uno de los reinos más extensos y mejor organizados que sometieron.

La verdad que la visita a la ciudadela nos gustó, aunque poco queda de como debía ser. Las lluvias, el tiempo y el ser humano han causado serios estragos…

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El Horizonte Chavín


Se trata de una de las culturas antiguas del Perú más importantes, ya que ejercieron una gran influencia  en la región. Representa la unificación y la expansión de una iconografía religiosa y artística que tuvo lugar en una amplia franja del norte de los Andes desde aproximadamente el 1500 a.C. hasta el 600 d.C.

En nuestro creciente interés por el conocimiento de las culturas antiguas del Perú, decidimos visitar el yacimiento arqueológico de Chavín de Huántar, a unas 3 horas al este de Huaraz. Está todavía medio sepultado bajo tierra, y recién se está descubriendo todo lo que esconde. Hace poco más de 60 años que se confirmaron las leyendas, cuando en la construcción de una carretera se toparon con una de las esquinas del templo. Desde entonces no se ha parado de desenterrar y de descubrir nuevas ruinas, e incluso ha sido declarado como Patrimonio Mundial. Todavía falta mucho por hacer y mucho por conocer de esta cultura, pero desgraciadamente parece ser que el gobierno peruano no está interesado en invertir de momento en este yacimiento.

Gracias a nuestra guía Liz, a quien desde aquí queremos agradecer su gran conocimiento de la cultura chavín, pudimos aprender y conocer mucho sobre ellos.

La principal deidad de esta cultura era felina (el puma o el jaguar), aunque también adoraban a otros dioses. Sus creencias se pueden resumir en la llamada trilogía chavín: el cóndor (que representa al cielo), el puma (que representa a la tierra) y la serpiente (que representa al submundo), indicando un universo tripartito. En todas sus representaciones artísticas aparecen estas deidades.

Además, siempre se presenta una dualidad enfrentada: lo bueno contra lo malo, masculino contra femenino; el blanco contra el negro… También es común (y curioso) el uso del número 7 o de múltiplos del mismo en sus proporciones arquitectónicas, midiendo, por ejemplo, 49 metros la plaza principal.

El yacimiento arqueológico de Chavín de Huántar probablemente se trataba de un centro ceremonial y de peregrinaje. Se cree que lo visitaban peregrinos desde muy lejos (sur del Perú, Ecuador e incluso de Argentina). Los sacerdotes constituían el estamento más poderoso de Chavín, y ellos eran los que dirigían a los peregrinos. Se cree que una vez allí, se les ofrecía el San Pedro, una cactácea andina con fuertes efectos alucinógenos. Los sacerdotes entonces provocaban fuertes sonidos con caracolas y amplificaban el sonido del flujo del agua a través de los canales circundantes, consiguiendo así que los peregrinos, bajo los efectos del San Pedro, creyeran que los sonidos provenían de felinos y confirmándoles que el templo era un lugar especial para el espanto y la adoración.

A los invitados más ilustres, siempre bajo los efectos del San Pedro, se les permitía descender a los túneles subterráneos para dialogar y ponerse en contacto con el Lanzón monolítico, una piedra de 4,5 metros exquisitamente tallada, también llamado “Dios sonriente”, que representa una persona de cuya cabeza salen serpientes y con colmillos de apariencia felina. Esta imagen ha aparecido en numerosos yacimientos arqueológicos alejados de Chavín.

Alrededor del templo, los muros estaban adornados con lo que se conoce como “cabezas clavas”, símbolos del yacimiento. Estas cabezas representaban las visiones que los chavín tenían bajo los efectos del San Pedro: seres humanos que en su proceso de purificación se iban transformando en felinos. Actualmente, en las paredes del templo sólo resiste una cabeza clava, mientras que el resto están expuestas en el Museo Nacional de Chavín.

No sabemos si fue por las deidades felinas, o por el curioso uso que le daban al San Pedro, o por lo misterioso del sitio, pero la verdad es que nos sorprendió e impactó mucho esta cultura.

La Cordillera Blanca, paraíso de excursionistas

Después del mar, hemos vuelto a las altas cumbres de los Andes. Desde Paracas, fue un viaje largo, con escala en Lima, hasta llegar a Huaraz, a los pies de la Cordillera Blanca.

Esta cordillera es la cordillera tropical más alta del mundo, y en ella se encuentra, además, el nevado más alto del Perú (y según dicen aquí el tercero de América del Sur): el Huascarán (6768 msnm). Pácticamente la mayor parte de esta cordillera está protegida por el Parque Nacional Huascarán, el cual consta de más de 600 glaciares, más de 300 lagunas y aproximadamente 50 nevados por encima de los 5700 metros. Es por todo esto que esta zona es conocida como la «Suiza peruana». Como dato curioso, es en esta cordillera donde se encuentra el famoso nevado de la Paramount Pictures: el Artesonraju (6025 msnm).

Es un paraíso para los escaladores, excursionistas y para todo amante de la naturaleza. Nosotros decidimos caminar hasta la llamada Laguna 69. Consiste en una caminata de 16km con un desnivel acumulado de unos 700 metros. La verdad es que con tanto tiempo caminando por las alturas de los Andes y con el entreno que llevamos, no tuvimos muchas dificultades en llegar y el soroche (o mal de altura) sólo se hizo notar en la última subida, pues la laguna se encuentra ¡a más de 4600 metros! A tal altura notas las piernas pesadas, la cabeza embotada y sobretodo falta de aire. La laguna en sí es espectacular: desde los glaciares de la cima del nevado Chacraraju (6018 msnm) salen diversas cataratas que caen directamente sobre las aguas verde turquesas de la laguna. ¡Un espectáculo maravilloso!

La subida a la laguna la hicimos con una pareja de colombianos de Medellín, David y Jasmín, que se alojaban en el mismo hostal que nosotros en Huaraz. Una vez en la cima, casualmente conocimos a una pareja en la que el chico (Xabier) es gallego y la chica (Alba), catalana. ¡Fue muy bueno conocerlos! Xabier y Alba están viajando por Latinoamérica desde hace ya un año. Aquí os dejamos su blog: www.caracolitos.tumblr.com.

Por cierto, seguramente os preguntaréis porque la laguna se llama Laguna 69. Pues las malas lenguas dicen que la Laguna 69 se llama como tal porque una vez se encontró a una pareja en cierta posición sexual que inspiró tal nombre… aunque en realidad parece ser que es fruto de un contaje de las lagunas, y a ésta le tocó el número 69…

¡Por fin, el mar!

Han tenido que pasar 5 meses y medio para que volviéramos a la costa del Pacífico y para que pudiéramos disfrutar de sus colores y su fuerza. ¡Ya teníamos muchas ganas! Y no nos ha fallado para nada. ¡Ha sido uno de los momentos del viaje!

Después de un viaje interminable de 13 horas desde Arequipa, llegamos por fin a Paracas, pequeño pueblo costero al norte de la Reserva Nacional Paracas y frente a las espectaculares Islas Ballestas. El pueblo no tiene nada especial, excepto que tiene mar, y a nosotros esto nos encanta.

Para visitar la Reserva Nacional Paracas decidimos alquilar unas bicis para recorrer el máximo posible en un día. Los paisajes desérticos amarillos, naranjas, marrones contrastaban con el azul del mar. El día nos acompañó con un sol abrasador, como hemos podido sentir en nuestros hombros, que están más rojos de lo debido.

Pero lo realmente bonito fue cuando fuimos a las Islas Ballestas, muy ricas en fauna. Estas islas son muy importantes para la economía peruana, ya que un alto porcentage de sus ingresos viene de la exportación  al resto del mundo de guano proviniente de estas islas. Es tal la cantidad de aves marinas que en ellas viven, que el guano se acumula en grandes cantidades.

De camino a las islas nos pudimos acercar al famoso Candelabro de Paracas, una figura grabada en la roca en forma de candelabro de unos 127×68 metros. Como las líneas de Nazca (que nosotros no hemos podido visitar por su elevado precio), nadie sabe bien bien el origen de esta forma. Se barajan varias hipótesis: que fue grabado por los piratas para marcar la zona donde escondían sus tesoros; que fue hecha por la cultura paracas, una cultura preincaica que habitaba esta zona; o bien que fue hecha por los conquistadores como método de señalización. Nosotros incluso llegamos a pensar que ha sido hecho como reclamo turístico. Ninguna de las teorías ha sido todavía demostrada, pero en cualquier caso, el contemplarlo merece la pena.

Ir a las Islas Ballestas, fue una especie de sueño cumplido: ¡fue como estar en un documental! Vimos muchísimas especies de aves marinas, como el pelícano peruano (Pelecanus thagus), el piquero peruano (Sula variegata), parecido a nuestro alcatraz, el cormorán neotropical (Phalacrocorax brasilianus), el cormorán guanay (Phalacrocorax bouganvillii), el cormorán de patas rojas (Phalacrocorax gaimardi), la gaviota peruana (Larus belcheri), el gaviotín peruano (Sternula lorata) y lo más espectacular: ¡pingüinos de Humboldt (Spheniscus humboldti)! Estos pingüinos, sólo se encuentran siguiendo la corriente de Humboldt, que es una fría corriente marina que baña las costas del Pacífico de América del Sur.

Además, también pudimos ver mamíferos marinos como el delfín mular (Tursiops truncatus) o ¡el lobo marino suramericano o de un pelo (Otaria flavescens)! Vimos muchos grupos de ellos, formados por enormes machos con su harén de 7 u 8 hembras. ¡Pudimos ver incluso machos luchando entre ellos!

Realmente fue muy emocionante, ya que para nosotros ¡fue la primera vez que vimos lobos marinos y pingüinos en estado salvaje!